Labubu se volvió tan famoso… ¡que hasta los labubus pirata están agotados!
La fiebre por el famoso muñeco de Pop Mart ha desatado peleas, revendedores, escasez global y hasta un mercado negro que no se da abasto.
Lo de LABUBU ya es un fenómeno mundial.
En Corea, gente acampa afuera de las tiendas de Pop Mart para ser los primeros en entrar apenas abran. Hay empujones, gritos, y hasta han tenido que intervenir policías para mantener el orden. En Londres, incluso hubo peleas a golpes entre compradores afuera de una sucursal.
Por seguridad, Pop Mart decidió suspender temporalmente las ventas de LABUBU en Corea y Reino Unido. En China, una nueva tienda en Hangzhou tuvo que cerrar tan solo dos horas después de abrir porque un grupo de revendedores entró corriendo a acaparar productos desde el primer minuto.
LABUBU está tan de moda que hasta sectores en crisis lo ven como su "salvación". Un banco en China ofrecía un muñeco LABUBU como regalo si abrías un depósito de al menos 50 mil yuanes a 3 meses. En el mercado inmobiliario, hay desarrolladores y agentes que lo usan como gancho para atraer clientes: “Compra un departamento y llévate un LABUBU.”
Y claro, cuando algo se pone así de caliente, el dinero empieza a moverse. Ya no son solo los revendedores de productos originales. Ahora hay fábricas piratas y revendedores de copias metidos en el negocio. La fiebre por LABUBU ha superado al muñeco mismo. Si uno original pudo convertir a alguien en el nuevo millonario de Henan, entonces hasta las copias piratas —a las que muchos llaman “LAFUFU”— también han hecho que más de uno se llene los bolsillos.
Según el COO de Pop Mart, la demanda por sus productos de peluche ha superado por mucho sus previsiones. Y tiene razón: la escasez de LABUBU originales ha dejado un hueco enorme que las copias piratas están aprovechando sin problema.
Las estanterías oficiales están vacías, pero los LABUBU (o algo que se les parece) están por todos lados, desde tienditas hasta mercados de pulgas en muchos países.
El 13 de junio, un reportero de Yan Caijing (盐财经) visitó un mercado de mayoreo de ropa en el sur de China. En varios locales, colgaban a la vista muñecos LABUBU. Mucha gente los tocaba, preguntaba precios, los miraba con curiosidad.
Pero al verlos con atención, uno se da cuenta de que no son los originales. Están mal hechos, con detalles raros en la cara. Uno de los vendedores agarró uno y dijo que esa versión iba para exportación al Medio Oriente. Ese Labubu tenía once dientes.
La fiebre por LABUBU no muestra señales de apagarse. Desde integrantes de grupos de K-pop, pasando por princesas tailandesas, hasta celebridades como Rihanna o David Beckham: cada vez más famosos presumen tener uno. En un juego de intercambio, Hu Run (el creador de la lista de millonarios china) entregó un LABUBU de edición limitada a cambio del primer auto sin conductor de China. Ese mismo muñeco ya había pasado por manos de Zhang Chaoyang (fundador de Sohu), quien luego dijo haberse arrepentido de devolverlo. Incluso, en una redada contra líderes de fraudes telefónicos en Tailandia, la policía encontró un montón de objetos de lujo, entre ellos, un peluche LABUBU con nueve enormes dientes al frente.
Los internautas se refieren a las copias piratas como LAFUFU o LABABA, nombres que se han vuelto meme. Algunos tienen la cabeza chueca, otros parecen ancianos sabios. Una compradora en línea recibió su muñeco con la cabeza puesta al revés. El servicio al cliente solo le respondió: “Si no te fijas bien, ni se nota.”
Hay hasta mutaciones del muñeco. Como el LAGOGO, un perrito electrónico con cabeza de LABUBU que canta una canción mientras camina por el piso.
Y aunque la piratería es evidente, eso no le quita popularidad. Un reporte de Jiemian News decía que algunas fábricas de copias ya no se dan abasto. Un dueño de fábrica tuvo que abrir cinco líneas nuevas de producción, con turnos las 24 horas, solo para sacar copias del LABUBU “tercera generación”.
Hacer estos juguetes no es nada complicado. Hay fábricas por todo el país con la capacidad de producir clones. Un comerciante de Shenzhen dijo que en Huaqiangbei (zona famosa por la electrónica) los intermediarios suelen trabajar con fábricas de Yiwu, enviando los productos tanto al extranjero como al mercado interno. Pero la demanda en China es tan alta que muchas veces se agotan sin necesidad de exportar.
“Un cliente se llevó 300 ayer. Ya casi se le acaban. Como no hay manera de conseguir el original, la copia se vende como pan caliente.”
Los LABUBU oficiales en caja sorpresa se venden originalmente en 99 yuanes cada uno. Pero como las tiendas oficiales están casi siempre agotadas, en el mercado de reventa los precios se han duplicado. En una plataforma de compra-venta especializada en juguetes de colección, un solo peluche de la serie Alerta Máxima se ofrece en promedio por más de 300 yuanes, y las ediciones ocultas pueden superar los 3,000.
La demanda es tan fuerte que incluso las copias tienen sobreprecio. En el mercado mayorista donde estuvo el reportero, el dueño de un local explicó: un LABUBU desnudo (sin ropa) cuesta 39 yuanes; con ropa, el precio sube a 55 yuanes. En comparación, otros peluches del mismo estante —más grandes y con mejor acabado— apenas superaban los 20.
A muchos fans de LABUBU les gusta vestirlos con ropita personalizada. Algunos fabricantes y revendedores vieron el negocio y empezaron a venderlos con ropa incluida.
“Los que traen ropa se venden mejor”, dijo un vendedor. Luego señaló un muñeco verde, de la tercera generación, y añadió: “Ya se acabaron todos los otros colores. Solo queda este.”
El 16 de junio por la noche, el mismo comerciante publicó en su WeChat: “Pedidos de Labubu, no paran, simplemente no paran.”
Si uno revisa su perfil, notará que su negocio principal antes era vender réplicas de joyería de lujo: collares de trébol de Van Cleef, pulseras tipo Cartier, relojes tipo Rolex… Donde hay dinero, hay oportunidad. Pasar de vender bisutería pirata a peluches falsos fue un paso natural.
Nadie sabe con certeza cuánto han ganado en total los fabricantes y revendedores de copias. Pero basta una mirada superficial para imaginar que no es poco.
En una tienda en línea, el 14 de junio, una publicación de un LABUBU pirata reportó más de 1,300 compras en un solo día. A un precio de 57.99 yuanes, eso significa más de 75 mil yuanes de ingresos… en 24 horas.
Y si los compradores chinos son muchos, los extranjeros pueden ser incluso más rentables. Según Red Star Capital Bureau, una vendedora internacional dijo que vende LABUBUs falsos con ropa a 29.9 dólares cada uno (alrededor de 215 yuanes), más 100 yuanes de envío, que también paga el cliente. Por cada venta, ella gana unos 165 yuanes limpios.
Además de los LAFUFU “chafones” que cualquiera puede reconocer a simple vista, también hay fábricas en varias ciudades chinas produciendo copias de alta calidad: peluches casi idénticos al original, con costuras finas, colores precisos y detalles muy similares. La diferencia con los originales es mínima.
Estos LABUBU falsos premium muchas veces terminan infiltrándose en el mercado de segunda mano, donde se venden como si fueran auténticos. En redes sociales, varios compradores han denunciado que pagaron precios altos por muñecos que creían originales… y terminaron siendo copias muy bien hechas.
Pop Mart intenta proteger su marca con códigos de autenticidad, tanto en las cajas como en las etiquetas de los muñecos. Al escanearlos, se abre una mini app oficial para verificar el producto. Pero ni eso ha detenido a los piratas: algunas fábricas ya replican también los códigos QR. Eso sí, al escanearlos, te llevan a una app falsa que imita muy bien la oficial —aunque la URL es distinta.
Un reportero de Yan Caijing, haciéndose pasar por comprador mayorista, contactó a una vendedora de copias de alta calidad. Ella explicó que vende por “paquetes de seis” (como vienen los blind boxes) y que el precio depende: “¿Quieres con código o sin código?”
Meterle códigos falsos a los peluches sube el riesgo legal. Una persona que se presentó como fabricante dijo: “Ahorita están muy encima con las inspecciones. Lo que trae código ya no se puede mover tan fácil.”
Y es que todo esto acarrea serios problemas legales.
Algunos abogados han explicado en entrevistas que la figura de LABUBU está protegida por la Ley de Derechos de Autor en China. Aunque las copias piratas tengan ligeras diferencias, los elementos clave del diseño son prácticamente iguales a los originales, lo que constituye una violación a los derechos del creador.
También está el tema de las marcas registradas. Las imitaciones muchas veces usan logotipos o nombres parecidos para confundir a los compradores, lo cual daña la reputación de la marca y también es una infracción a la Ley de Marcas.
Además, hay vendedores que anuncian estos productos como “originales” o dicen que son “de la misma fábrica que los verdaderos”, lo cual entra en el terreno de la publicidad engañosa y representa una violación a los derechos del consumidor. Según la ley, eso puede obligar a los responsables a devolver el dinero, pagar el triple del valor del producto, y enfrentar otras sanciones: desde multas y confiscación de mercancía hasta la clausura del negocio. En casos graves, incluso puede haber consecuencias penales.
Ante esto, varias regiones en China han empezado a actuar con firmeza contra la piratería de LABUBU.
Pero la demanda es tan grande que erradicar por completo los productos falsos se vuelve casi imposible. De hecho, este es un problema común para cualquier marca famosa con un personaje popular.
Solo en 2024, Pop Mart presentó 288 demandas civiles, ayudó a clausurar 11 fábricas y almacenes de productos pirata, y colaboró con la policía en 22 investigaciones contra redes de falsificación. En diciembre pasado, las aduanas chinas confiscaron 9 lotes de productos culturales (como peluches y artículos decorativos) que violaban los derechos de autor de LABUBU, sumando un total de 140,000 piezas.
Otras marcas globales, como Disney, han enfrentado este tipo de desafíos contratando equipos legales especializados en cada país para vigilar sus marcas, registrar patentes y tomar acciones legales contra la piratería.
Pero más allá de lo legal, hay un debate cultural. Algunos medios extranjeros critican cómo muchos consumidores internacionales compran sin pudor sus LAFUFU, aunque sean “baratos y feos”, y aunque todo el mundo sepa que son piratas. Dicen que si nadie siente vergüenza por consumir copias, entonces el valor de los productos originales se diluye.
Otros tienen una opinión distinta. Para Juda Kanaprach, cofundador de la agencia Milieu Insight en Singapur, incluso las copias ayudan a mantener vigente el interés por la marca. “Todos comparten, critican o se burlan de ellos en línea. Y eso mantiene a LABUBU en boca de todos.”
LABUBU no tiene historia, ni una serie o película detrás. No hay que entender nada para entrarle a la moda. Solo sabes que es caro, difícil de conseguir y está de moda. Y eso, para muchos, es lo que le da valor. Así se ha sostenido el mercado de reventa.
Es un juego de percepción colectiva. Y mientras siga siendo rentable, revendedores y fábricas piratas seguirán metidos de lleno.
En grupos de reventa, los revendedores analizan el mercado como si fueran corredores de bolsa. “Si Pop Mart repone rápido, el precio se desploma”, dicen. LABUBU funciona como una acción en la bolsa: sube y baja, y cualquier noticia —ya sea una reposición oficial o un escándalo— puede afectar su valor en cuestión de horas.
En el mercado mayorista, al notar que el reportero dudaba si comprar o no, el vendedor no dudó en soltar el consejo clásico:
“LABUBU está de moda. Si vas a entrarle, que sea ahora.”
Este texto es una adaptación al español del artículo original publicado por el medio chino Yan Caijing (盐财经) , escrito por 宝珠 y 陈慧 y editado por 江江.
Los textos publicados en nuestra sección Tendencias 🇨🇳 buscan acercar al público hispanohablante algunos de los temas que marcan conversación en China.
Suscríbete al newsletter y recibe cada entrega directo en tu bandeja de entrada.